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Investigan antigua aldea de Teotihuacán en Coyoacán

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El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) investiga los restos de una aldea de 1,700 años que perteneció a Teotihuacán y se ubicó en Xoco, dentro de la alcaldía Coyoacán.

El arqueólogo Alberto Mena Cruz refirió que el área potencial es la sección sur del predio Universidad 1200, donde comenzó el asentamiento prehispánico de Xoco, “Lugar junto a los tejocotes”, en Coyoacán. Pese al nombre náhuatl del barrio que hace referencia a su ocupación en el periodo Posclásico Tardío (1300-1521 d.C.), el espacio tuvo un dilatado proceso que comenzó alrededor de 100 d.C., con el advenimiento del Estado teotihuacano en la época Clásica.

Los restos arquitectónicos, la tipología cerámica, piezas líticas y enterramientos que han registrado en los frentes de excavación, indican que esta pequeña aldea teotihuacana tuvo su auge hace mil 700 años, entre las denominadas fases Tlamimilolpa y Xolalpan (225 – 550 d.C.).

Llos distintos frentes permitieron identificar diversos contextos: desde las huellas de antiguos arroyos que se alimentaban de los ríos Churubusco y Magdalena; evidencias de unidades habitacionales; círculos de piedra que tuvieron una función ritual o para contener el agua, y enterramientos humanos, así como de un par de cánidos.

Los trabajos arqueológicos se han concentrado en 40 por ciento del terreno (que abarca aproximadamente 45 mil m²), en el que se ha removido grandes volúmenes de tierra. Algunas excavaciones miden 14 m x 10 m, y otras alcanzan una profundidad de 4.50 m. Los contextos teotihuacanos suelen encontrarse en promedio a 1.50 m por debajo del nivel de calle.

Víctor Vargas, uno de los jóvenes arqueólogos asignados a estos frentes de excavación, comenta que se pueden apreciarla conformación de los conjuntos teotihuacanos: cuatro cuartos dispuestos en torno a un patio central. Las habitaciones -de las que solo quedan cimientos- tenían muros con un ligero talud, creados con basaltos careados; la superficie de los cuartos se compone de un firme de arcilla al que sigue otro de piedra bola, y sobre éste un piso de estuco con gravilla de piedra pómez.

Los 30 entierros que se han registrado se identificó un patrón de enterramiento para la Cuenca de México en la época teotihuacana. Las inhumaciones se han localizado asociadas a concentraciones de cerámica y figurillas (que fueron rotas de forma intencional) y a muros; tres de ellas alrededor de elementos circulares que tuvieron una función ritual. Tales círculos -de 1.50 m de altura- están hechos de piedra bola unida con lodo y tienen una oquedad cuadrangular.

Con información del INAH

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